Asistimos atónitos a los acontecimientos del norte de África. Sangrientas revueltas civiles contra regímenes dictatoriales protegidos por Gobiernos occidentales durante años. Es el cuento de siempre.
La hipocresía de los mandatarios occidentales, amparados en la diplomacia y las relaciones económicas internacionales, es de libro. No obstante, la llegada de Internet, y especialmente el desarrollo de nuevas herramientas para la gestión de redes sociales, han contribuído a que la sociedad civil tenga mayores oportunidades de organizarse y luchar por sus libertades.
Más allá pues del negocio que significan los social media, sin lugar a dudas estamos siendo testigos en estas últimas semanas de uno de los más claros ejemplos de cómo la redes sociales contribuyen a la democracia. Deben pues ser conscientes los políticos del poder de las redes. Políticos a los que de ninguna manera les interesa este fenómeno porque les exige una transparencia y una flexibilidad que no están dispuestos a asumir. La participación ciudadana en Internet es una quimera si de iniciativas alentadas por los políticos depende. Hagan una prueba de cuántos candidatos están realizando propuestas en estos momentos, y cuántas de estas propuestas efectivamente se materializan pasadas las próximas elecciones municipales y autonómicas.
Afortunadamente nuestro país no se encuentra en una situación tan dramática como la de Libia o Egipto, pero cuando una catástrofe como el 11M ha exigido la movilización social, las redes sociales y las nuevas tecnologías han jugado un importante papel. No obstante, es momento de que la sociedad civil sea capaz de actuar de manera permanente, sin necesidad de que ocurran hechos dramáticos que motiven la movilización. Es momento de que la participación ciudadana se convierta en un juez constante de las actuaciones políticas.
Un reciente ejemplo lo encontramos en bloggeros y twitteros chinos que gracias a su participación desinteresada están logrando recuperar a niños y niñas secuestrados en el país. La movilización contra la Ley Sinde es otra buena muestra, por un lado del interés que tienen los políticos en escuchar a la sociedad civil, pero por otro de la capacidad que otorgan las redes para ejercer presión.





Desde antes incluso de la aprobación del proyecto por parte del COI, se viene hablando sobre los objetivos de China en la organización de los Juegos Olímpicos que se están celebrando en estos momentos. Básicamente parece ser que el gobierno chino desea mejorar la imagen del país en el exterior, haciéndola más moderna y abierta. No voy a entrar demasiado en el debate sobre si ésto es o no un falso cambio de imagen. Entiendo que algo de verdad debe haber y que China, y sobre todo los chinos, no va a ser la misma tras los juegos. No debemos esperar un cambio radical ya que estamos hablando de un régimen seudo-comunista asentado en una cultura que mantiene un ancestral respeto a la autoridad. En todo caso, como comentaba es previsible ciertos cambios políticos y sociales en este inmenso país.
Los montañeros son gente especial. Emprenden aventuras a sabiendas de que su vida corre serio peligro, dejando atrás a su familia y amigos, perdiendo salud y dinero. Y lo hacen por el placer de sentirse únicos, de llegar donde casi nadie ha llegado antes, por orgullo. Un orgullo que ha caracterizado, no sólo a los montañeros de ayer y de hoy, sino en general a los grandes exploradores de la historia.


