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Las emisiones de CO2 desde China han crecido de manera espectacular en los últimos tiempos. En el año 2002 se situaban en 760 Mt y tan sólo 3 años después representaban 1.700 Mt, lo cual suponía el 6% del total de emisiones de CO2 a nivel mundial. Es de esperar que datos actualizados ofrezcan niveles muy superiores, quizá de hasta 5 veces más de lo generado en el 2005. Pero, ¿cuáles son los factores causantes de este crecimiento?
Un reciente estudio publicado en Energy Policy analiza los principales componentes de las emisiones de CO2 procedentes de China. Según el trabajo, el principal desencadenante es el saludable estado de las exportaciones. La demanda de productos de bajo precio procedentes de China ha crecido de manera espectacular, lo cual ha situado a las exportaciones como uno de los elementos de mayor peso en la cesta de basura gasista del país. Así, 1/3 del total de emisiones de CO2 de China se debe a las exportaciones del país, mientras que el resto se reparte entre inversiones en capital (infraestructuras y fabricas; entre un 32 y un 37% de las emisiones en 2005) y el consumo de los hogares (28% de las emisiones en 2005, 45% en 1987).
La cuestión que nos debemos plantear en los países occidentales es hasta qué punto es responsable China del cambio climático cuando somos nosotros los que estamos demandando los productos de esas exportaciones. Quizá antes de exigir a estos países en desarrollo deberíamos valorar nuestros patrones de consumo y ver en qué medida una modificación de éstos sería útil. El cambio climático exige un compromiso de todos.
Desde antes incluso de la aprobación del proyecto por parte del COI, se viene hablando sobre los objetivos de China en la organización de los Juegos Olímpicos que se están celebrando en estos momentos. Básicamente parece ser que el gobierno chino desea mejorar la imagen del país en el exterior, haciéndola más moderna y abierta. No voy a entrar demasiado en el debate sobre si ésto es o no un falso cambio de imagen. Entiendo que algo de verdad debe haber y que China, y sobre todo los chinos, no va a ser la misma tras los juegos. No debemos esperar un cambio radical ya que estamos hablando de un régimen seudo-comunista asentado en una cultura que mantiene un ancestral respeto a la autoridad. En todo caso, como comentaba es previsible ciertos cambios políticos y sociales en este inmenso país.
En otro orden de cosas, una de las cuestiones que más me llaman la atención es el contenido económico de los JJOO. Está claro que China se juega mucho, puesto que una mejor imagen debería redundar en unos niveles de exportaciones de mayor calidad, bien en cantidad o en calidad. Está es una cuestión muy relevante. Las tradicionales exportaciones chinas basadas en productos de bajo valor añadido se están empezando a resentir, fruto de un crecimiento desordenado que ya está provocando cierres de fábricas otrora a pleno rendimiento. Ello ha creado la necesidad de invertir en la fabricación y posterior exportación, amén del imparable consumo interno, de productos de mayor complejidad manufacturera e incluso con una marca reconocida y valorada. Es en este punto donde evidentemente la imagen que se logre transmitir del país con los juegos cobra una especial relevancia. La creación de una marca “Made in China” que no se asocie a productos de bajo valor, cuando no imitaciones, es una cuestión de Estado.
Por último, también nos debemos preguntar hasta qué punto son económicamente importantes los juegos para el resto del mundo. Por ejemplo, ¿puede servir este evento para facilitar la entrada de empresas extranjeras en el país?. Yo creo que sí, por varias razones. Por un lado, tenemos empresas que han colaborado en la construcción de las infraestructuras o equipamientos para los juegos, las cuales deberían de poder aprovechar la situación para consolidar su presencia en el país. Por otro lado, destacaría el efecto de los juegos en la penetración de ciertos deportes en China, y con ellos toda la industria asociada. Un ejemplo perfecto lo tenemos en el baloncesto. En estos juegos se libra una batalla que va mucho más allá de lo meramente deportivo: la batalla por el fan chino. Esta batalla la libra el baloncesto europeo y el estadounidense, y es muy similar a las luchas, casí intestinas, llevadas a cabo desde años por los grandes clubs de fútbol en aras de hacerse con el mercado asiático. Así, probablemente de la victoria final de EEUU dependerá la entrada masiva de dinero chino en el cada vez más estancado negocio de la NBA y demás ligas norteamericanas.
Como vemos, los JJOO son para muchos algo más que el ejemplo de la capacidad inagotable de superación humana. Quizá nunca en otros juegos esta afirmación había sido tan palpable.









