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Los cambios socioculturales de los últimos 10-15 años han traido consigo un significativo aumento de la presión que los grupos ecologistas ejercen sobre el ámbito público y empresarial. El desarrollo del denominado “consumo responsable” implica un cambio de actitud notable en el comportamiento de los consumidores, tanto en el uso de los productos, como en los aspectos que son valorados a la hora de determinar el posicionamiento de las marcas. Recientes informes apuntan a que incluso en estos momentos de crisis los consumidores no han perdido un ápice de sensibilidad medioambiental; una buena noticia pata todo aquellos preocupados por el devenir de nuestro planeta.
Me llama la atención una campaña para la reducción de consumo de papel en la vida cotidiana. Una campaña divertida pero con un mensaje claro.

Las emisiones de CO2 desde China han crecido de manera espectacular en los últimos tiempos. En el año 2002 se situaban en 760 Mt y tan sólo 3 años después representaban 1.700 Mt, lo cual suponía el 6% del total de emisiones de CO2 a nivel mundial. Es de esperar que datos actualizados ofrezcan niveles muy superiores, quizá de hasta 5 veces más de lo generado en el 2005. Pero, ¿cuáles son los factores causantes de este crecimiento?
Un reciente estudio publicado en Energy Policy analiza los principales componentes de las emisiones de CO2 procedentes de China. Según el trabajo, el principal desencadenante es el saludable estado de las exportaciones. La demanda de productos de bajo precio procedentes de China ha crecido de manera espectacular, lo cual ha situado a las exportaciones como uno de los elementos de mayor peso en la cesta de basura gasista del país. Así, 1/3 del total de emisiones de CO2 de China se debe a las exportaciones del país, mientras que el resto se reparte entre inversiones en capital (infraestructuras y fabricas; entre un 32 y un 37% de las emisiones en 2005) y el consumo de los hogares (28% de las emisiones en 2005, 45% en 1987).
La cuestión que nos debemos plantear en los países occidentales es hasta qué punto es responsable China del cambio climático cuando somos nosotros los que estamos demandando los productos de esas exportaciones. Quizá antes de exigir a estos países en desarrollo deberíamos valorar nuestros patrones de consumo y ver en qué medida una modificación de éstos sería útil. El cambio climático exige un compromiso de todos.
La empresa Xeros posee la patente para un sistema de lavado a maquina similar a la lavadora tradicional pero con unas características increibles. El sistema (clic en la imagen de la izquierda), desarrollado por investigadores de la Universidad de Leeds, se basa en 20 kg de pequeños trocitos de plástico que, combinados tan sólo con un vaso de agua y un poco de detergente, absorben la suciedad de las prendas de ropa. Al terminar el proceso, los trocitos de plástico son recuperados para su posterior re-utilización hasta 100 veces más. El sistema no sólo representa un ahorro de agua y materiales químicos sino que únicamente consume el 2% de energía de un proceso de lavado, secado y planchado tradicional. Además se ha mostrado eficaz para casi cualquier tipo de mancha. El sistema podría comercializarse a partir de 2009 para clientes industriales.
+ info en The Independent

Foto: www.doctor-risco.com
Ayer en Localia estuve viendo un reportaje sobre los efectos que a lo largo de este siglo va a provocar el cambio climático. Es un tema que conozco bien, pero no dejo de pasmarme ante el panorama que se avecina. De hecho, me he pasado gran parte de la noche dándole vueltas a la cabeza. Así que voy a escribir un poco a ver si me calmo.
Para quien no esté al día sobre el tema, los ciéntificos están trabajando bajo la hipótesis de que se van a tomar medidas urgentes que permitirán que la temperatura suba 2º C en este siglo (desde la Revolución Industrial la temperatura ha subido algo más de medio grado), cosa que evidentemente no está ocurriendo. Asimismo, tampoco consideran acciones humanas más allá de la emisión de gases nocivos, como la deforestación del Amazonas. Con este planteamiento, bastante optimista, se prevé que en el presente siglo puedan producirse cosas como:
- Desertización de grandes zonas como el centro y este de EEUU, Europa mediterránea, gran parte de África o el Amazonas (que puede llegar a convertirse en un desierto en unas décadas de continuar el calentamiento del agua del Atlántico sur).
- Aparición de fenómenos hasta ahora desconocidos, como olas de calor recurrentes en países del norte (recordemos la ola que mató a miles de franceses hace unos años) o huracanes en la costa este de EEUU (las autoridades de Nueva York ya han sido avisadas de la necesidad de construir diques de contención).
- Aumento de las zonas de riesgo de enfermedades tropicales mortales como la Malaria o el Dengue (esto ya se está produciendo en países como Taiwán).
- Invasión de las aguas de los océanos con la consiguente pérdida de tierra útil. Hay zonas que desaparecerán, como pequeños estados polinesios y otros, como Vietnam, se verán muy seriamente afectados. Estamos hablando de decenas de millones de personas que verán como el mar se traga sus viviendas para siempre, lo cual generará una nueva forma de refugiados.
- Posible desaparación del 30% de las especies debida a procesos imparables como la acidificación de los océanos.
- Pérdida de cosechas por la disminución de las precipitaciones y la desertización. Otras zonas, como el norte de China, pueden ver aumentada su producción gracias a que su clima se volverá algo más templado.
Esta es la realidad. Una realidad optimista, porque si no se toman medidas drásticas la temperatura se colocará unos 4,2º C por encima. Conocemos las causas del problema, conocemos los efectos y tenemos la tecnología. Es aunténticamente impresentable que haya gente que todavía divague sobre estas cuestiones. Países como EEUU serán de los más afectados. ¿Por qué entonces no se ponen de acuerdo?
Creo que la clave está en que se trata del primer gran problema global que requiere una solución coordinada de TODOS los países y eso va a ser imposible. Acusamos a los políticos de no llegar a acuerdos pero no olvidemos que los políticos son elegidos por los ciudadanos, al menos en los países democráticos, que son los mayores emisores de CO2. ¿Realmente estamos dispuestos a sacrificarnos, ya no por que el planeta no se caliente, sino por que todos tengamos un nivel de vida aceptable? ¿Estamos dispuestos los occidentales a variar sustancialmente nuestras pautas de conducta y de consumo? No se trata únicamente de reciclar o cerrar el grifo cuando nos lavamos los dientes. Deberíamos estar dispuestos a bajar nuestra calidad de vida porque el planeta no tiene recursos para todos. Hasta ahora hemos mirado hacia otro lado mientras los hindúes y los chinos se morían de hambre. Mirábamos hacia otro lado por que ese desequilibrio nos era ventajoso. Pero ahora el chino quiere el mismo nivel de vida que el portugués y ya no podemos mirar hacia otro lado, o sí, pero no nos llevemos las manos a la cabeza cuando el Amazonas sea un secarral.
Hace algunos días comentaba que no tenía fe en el hombre. Creo que la suerte ya está echada. Nuestros nietos recibirán un planeta mucho menos agradable. La necesidad de una solución coordinada a nivel global y la renuncia de los países ricos a gran parte de su nivel de vida hace imposible una solución realista. Veremos soluciones parciales, seguro, pero nada más.
Algunos dicen que el hombre está acabando con el planeta. Eso es una chorrada. La Tierra ha sufrido cataclismos mucho mayores a los que el ser humano pueda provocar. Pero sabemos cómo ha respondido la naturaleza a estos cataclismos. Ahora llámenme alarmista o lo que quieran. Me da igual.
El consumo de agua embotellada está absolutamente disparado. España es uno de los países que mayores tasas de consumo ofrece. Los datos varían según las fuentes, pero podemos afirmar sin temor a equivocarnos que nuestro país está entre los 5-6 mayores consumidores. ¿La razón? En mi opinión es cuestión de oferta y demanda. Aunque el agua embotellada es cientos de veces más cara que la del grifo, la gente se muestra poco sensible al precio de un bien de primera necesidad. Si a eso unimos las nuevas propuestas de productos realizadas por algunas empresas y la mayor preocupación por la vida sana, el negocio está servido.
Difícil solución tiene modificar los habitos de consumo, salvo que se produzca un aumento de precios muy considerable. Me parece mucho más razonable garantizar una gestión racional del recurso, desde su extracción en los manantiales al tratamiento de los envases. Asimismo, el consumidor responsable debe valorar la necesidad de consumir este tipo de producto. La mayor parte del agua embotellada se consume en países ricos, en los que la calidad del agua del grifo es considerable. En todo caso, si decidimos consumirla no está de más considerar algunas cuestiones prácticas, como comprar garrafas en lugar de botellas de 0,33 o 1,5 litros y reutilizar los envases (mantenerlos alejados de fuentes de luz, calor y olores fuertes, a ser posible fuera del frigorífico). Otra opción interesante es optar por instalar algún sistema de depuración en nuestra casa que, aunque a corto plazo pueda parecer caro, a la larga es rentable para todos.












