Más allá de la goleada sufrida por el Real Madrid en la noche de ayer, y que parece por lo esperpéntico del caso una campaña viral, el viral de esta semana no debe ser otro sino el caso del falso meteorito. Objeto celeste supuestamente caído en tierras letonas y que finalmente ha resultado ser obra de la operadora sueca Tele2, aunque también hay quien afirma que se trata de una acción llevada a cabo por un grupo de letones para atraer turistas.
Sin entrar en la eficacia de la acción publicitaria, este es un caso perfecto para que reflexionemos sobre los límites del marketing viral.
El Gobierno letón ha puesto el grito en el cielo y amenaza con exigir indemnizaciones económicas a la operadora de telecomunicaciones por el gasto sufrido en científicos, militares y demás funcionarios desplazados hasta el lugar del hecho. A estos gastos, yo personalmente añadiría dos partidas más. Por un lado, el coste infringido en la imagen del país y de los numerosísimos medios de comunicación que se hicieron eco, y que han quedado como una panda de crédulos cuando no como malos periodistas por no contrastar las informaciones. Por otro lado, pienso que la imagen de la operadora sueca ha quedado dañada con esta campaña.
Recurrir al sexo, al humor o incluso a la ciencia para llamar la atención es lícito, pero no lo es de ninguna manera tomar el pelo a potenciales clientes. Y yo siento, quizá por mi amor por la ciencia, que me han tomado el pelo. Es ahí donde reside uno de los límites en las campañas virales.
Seguramente el marketing viral debe todavía madurar lo suficiente como para que la ingente cantidad de consultores que se dedican a estos menesteres sean capaces de asumir un código de buenas prácticas. Animo pues a la reflexión sobre el asunto.








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